viernes, 6 de febrero de 2015

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Los nuevos olvidados

Los DJ cada vez están más de moda... hasta el punto de que ya nos olvidamos de quienes cantan sus canciones.
Hay muchos cantantes que no son compositores; sin embargo, es a los primeros a los que siempre se nombra y los que generalmente se hacen famosos. Esto ocurre incluso en el caso de las bandas: normalmente el nombre que nos sabemos es el de la persona que pone la voz, aunque también sean importantes los instrumentos y, por tanto, quienes los tocan.
En la radio oigo Lovers on the sun, o Dangerous, y dicen que son de David Guetta. Me parece bien que lo nombren, pero ¿por qué menospreciar de esa manera a Sam Martin? ¿Porque no es conocido? Pues que empiece a serlo, porque sin su voz esas canciones no serían para nada lo mismo. Y como él, muchos otros, como Jasmine Thompson (Sun goes down) o Linnea Henriksson (Hope there's someone).
En mi opinión, estas personas se merecen un reconocimiento que no están teniendo, porque por algo en quien nos hemos fijado siempre es en el cantante. Son voces que acabarán desapareciendo si no sabemos apreciarlas.

viernes, 23 de enero de 2015

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No te conformes

Cada vez tengo más claro que no puedes esperar que alguien te defienda. La gente prefiere no meterse en problemas y llevarse bien con todo el mundo antes que enfrentar las injusticias. Si no luchas por lo que quieres, nadie lo va a hacer por ti, y si lo haces, raramente alguien te va a ayudar. Eso sí, cuando hay dinero de por medio cambian mucho las cosas.

Creemos que nos va bien conformándonos porque no nos va mal. Pero eso no significa que estemos realizándonos o haciendo lo correcto. Decimos que hay paz, pero no es una paz en la que cada uno respeta las ideas del otro aunque no las comparta, sino que le hacemos creer que coincidimos cuando no es así. En mi opinión, a veces no está mal hacer eso, ya que hay personas con más autoridad que nosotros y no vamos a conseguir nada positivo intentando llevarlas a nuestro campo, al menos no sin ayuda. Pero hay otras ocasiones en las que simplemente no nos involucramos porque no nos afecta directamente y es lo más fácil. Supongo que de ahí derivan los corros que se forman cuando dos personas se pelean, donde nadie intenta separarlas, más bien al contrario; los comentarios suelen ser alentadores. Y esto, creo yo, es bastante triste.

Es común pensar que la movilización y el intento activo de cambio conlleva la destrucción de esa paz metaestable en la que solemos encontrarnos. Muchas personas han dado su vida cada vez que se ha intentado llevar a cabo un gran cambio de mentalidad en la sociedad, como puede ser el considerar a las mujeres con la misma capacidad de voto que los hombres. Pero si miramos atrás y pensamos en todo el tiempo que ha tenido que transcurrir hasta que realmente hubo personas que decidieron defender sus derechos, nos damos cuenta de que es lógico que nadie quiera mojarse en las cosas pequeñas. Porque no tiene sentido involucrarse si no hay nada que ganar.

domingo, 11 de enero de 2015

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Tú decides.

Qué triste es ser consciente de que lo más probable es que a las personas a las que echas de menos no les importes, mientras que tú olvidaste qué era lo que te unía a otras a las que les gustaría volver a tener contacto contigo.

Y es que el orgullo puede arrasar con todo, y es muy difícil dar marcha atrás, volver a donde estuvimos; ni siquiera empezar de cero suele funcionar, alguna vez lo he visto y no ha salido muy bien. Porque los dos sabemos que no se puede empezar de cero como si nada, mientras no nos borren la memoria. Y está lo bueno, sí, pero también lo malo, y suele ser más fuerte, porque somos así, porque no podemos evitar centrarnos en eso, porque normalmente oímos una noticia buena por cada diez malas.

Aunque de vez en cuando llega alguien que nos recuerda que al final lo que queda son las cosas buenas, aunque sepas que vas a acabar algún día, que ya no serás más y nada importará, sigues centrándote en lo que no está bien en tu vida en vez de sonreír, y ya no digo agradecer porque a veces no sé si hay a quién, por lo que sí lo está.

Así que, tú, que aún sigues, que no has acabado todavía, sonríe, porque seguro que puedes encontrar razones para sonreír en este mundo de injusticias.

domingo, 28 de diciembre de 2014

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Unos se van y otros se quedan.

Él no tuvo suerte.

En tercero de primaria me dio clase el peor profesor que había tenido en mi vida. Era de los que siempre nos castigaban a todos por culpa de unos pocos. Seguramente los callos de mis dedos comenzaron por aquel entonces. Su frase favorita, o nuestra peor pesadilla: "No debo hablar en clase".
Normalmente, teníamos el mismo profesor durante todo el ciclo. Sin embargo, llegué a cuarto y me encontré con una mujer que no había visto nunca: una profesora nueva que iba a sustituirlo. Nos contaron que le había dado un infarto a mi anterior profesor, y que estaba en el hospital.
Poco después me dijo mi abuelita que había pedido que tuviese un resfriado o algo así, algo pequeño pero suficiente como para que no nos diese clase.
Ese año, por lo que yo recuerdo, estuvo bastante bien. La profesora era muy cariñosa, diferente a los que había tenido anteriormente, y además nos motivaba.
En quinto volvió el profesor, a pesar de que teóricamente ya no nos tocaba dar clase con él. Y diría que no fue mucho mejor que antes.

Creo que no ha de ser muy agradable para los médicos, enfermeros y demás escuchar frases del tipo "gracias a Dios" después del duro trabajo que acaban de hacer para salvar a una persona.

domingo, 9 de noviembre de 2014

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Cuando expresarse volvió a ser ilegal

Hoy es el día del referéndum catalán sobre la independencia. Bueno, más o menos. Porque si lo fuese de verdad, el resultado tendría efecto, y no va a tenerlo, más allá de la actitud de la gente cuando sepan qué ha salido.

Parece ser que es ilegal ir hoy a votar. No consigo entender cómo puede ser ilegal una votación en un país democrático cuando ni siquiera va a haber consecuencias políticas; no van a ser independientes porque salga una mayoría de votos diciendo que eso es lo que quieren. Además, he oído un comentario bastante acertado sobre esto: al no ser legal, la gente que no esté de acuerdo con la votación no va a dejar su no en las urnas, y se reflejará una mayor proporción de votos afirmativos de la que hay realmente. A mí me da igual lo que salga, pero creo que debería ser lo que ellos quieran de verdad, sin ser coartados por nadie.

¿Qué va a ser lo próximo? ¿Solo podrán expresar su opinión algunas personas, o solo en ciertos momentos? ¿Qué clase de libertad de expresión es esta?

sábado, 8 de noviembre de 2014

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Las cosas que dejamos de hacer.

¿No os ha pasado alguna vez que habéis visto a alguien que necesitaba ayuda, que estaba perdido o que tenía dificultades para cargar algo, y no habéis hecho nada por esa persona?

A mí muchísimas. Y no estoy contando a gente que pide dinero en el metro o en la calle. Solamente con el resto me ha ocurrido montones de veces. Y cuando pierdo la oportunidad de hacer algo, casi siempre aparece esa pequeña chispa de culpa o de arrepentimiento. El pensar por qué no soy capaz de decirle a alguien, ¿puedo ayudarte?; el quedarme quieta cuando era muy fácil hacer o decir algo.
A veces soy yo la que necesito ayuda y nadie a mi alrededor me la ofrece ni me dice nada. Suelo preferir pensar que la mayoría son como yo, que en realidad quieren hacerlo pero no sienten la confianza o la seguridad como para ello.

Uno de estos días me monté en el bus y había dos chicas que querían salir. El bus estaba muy lleno y pensaba que no habían podido darle al botón de stop, así que les pregunté si lo pulsaba, y me respondieron que no hacía falta, que ya estaba, pero que gracias. Y es una estupidez, ni siquiera hice nada pero, de alguna forma, me sentí bien, porque lo había conseguido. Había dejado atrás por un momento esa vergüenza tan tonta, ese miedo de que algo podría salir mal por intentar hacer un poco de bien a mi alrededor.

Ayer estaba intentando bajar mi maleta de un sitio alto, y el hombre que estaba sentado a mi lado en el tren me preguntó si me echaba una mano. La verdad es que seguramente podría haberlo conseguido sola, pero el esfuerzo habría sido bastante mayor y podría haberme hecho daño. Y, claro, se lo agradecí.

Hace no mucho vi esto en Facebook. Seguramente penséis que es una tontería, pero detalles tan simples como este son, entre otras cosas, los que me hacen sonreír e imaginarme a personas colaborando desinteresadamente, por el mero placer de ayudar a otros.

Y es por pequeñas cosas como estas que aún pienso que el mundo no está irremediablemente perdido, que la entropía aún no ha alcanzado su máximo absoluto.

jueves, 6 de noviembre de 2014

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Has cambiado.

Tienes la misma cara de niña buena aunque pillina que cuando te conocí. Bueno... la misma, lo que se dice la misma, no. Han pasado demasiados años ya como para eso. Supongo que eres más mona que entonces. Pero a mí me habría encantado que no hubieses cambiado, que aún siguieses siendo como te recuerdo. Porque no quiero recordar cómo cambiaste.

Supongo que no me echas de menos. Por qué ibas a hacerlo. Lo cierto es que yo a ti tampoco. Creo que la razón principal es que sé cómo eres ahora, aunque no quiera recordarlo.
O quizá volvieses a cambiar durante estos últimos años. Seguramente no lo sabré.

Aunque, ¿sabes? No me he olvidado de aquel día en el que de repente apareció una foto nuestra en la pantalla. De esa época. Y tampoco sabré si tuviste algo que ver con eso o no. Pero todo eso ya importa poco, ¿verdad?

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