Se planea una actividad de senderismo con previsión de lluvia y alerta naranja y, a pesar de mis intentos por una alternativa más segura, se mantiene hasta el final. Concretamente, hasta menos de dos horas antes, momento en el cual se empieza a proponer un plan en interior al que ya no tengo ni los medios ni las ganas de asistir. Pero me quedo con ese resquicio de esperanza.
Me apetece preguntar: y si en este club de lectura sale más votado el libro que yo propongo y no me viene bien la fecha para comentarlo, ¿se haría igualmente sin mí?
Siento que antes socializar no era tan difícil. La gente ha cambiado mucho. O yo he cambiado más de lo que pienso. No lo sé. Pero algo es diferente. Quiero echarle la culpa a la pandemia, a la sociedad… pero no sé si nada de eso tiene sentido. Solo quiero encontrar a alguien que me entienda.
Ese momento en el que juntan sus manos y que para mí se siente como una alusión a la alianza de los mosqueteros (o a los mosqueperros, si lo preferimos) es ese resquicio de esperanza que necesito para pensar en que una relación de tres sería totalmente natural y viable.
Seguramente fui la única persona de la sala a la que se le ocurrió esa posibilidad.
La transformación en mariposas para mí simboliza haber alcanzado la libertad, pero la libertad de estar sola. Y, en la vida real, la soledad es difícilmente sostenible. Sin una red de apoyo, tarde o temprano nos acabamos cayendo de una u otra manera. Y algunos pozos son muy profundos.
