lunes, 11 de julio de 2016

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La niña bonita

Creías que volvería mucho antes.

Cuando te he dicho que no, me has mirado con cara entre sorprendida y extrañada. Me he reído y tú también.

Pero en mi interior reinaba el vacío. Ese que ya hace años que no has sabido rellenar y en ocasiones se mezcla con un atisbo de tristeza.

¿Qué ha pasado? Solo tú lo sabes, supongo. Quizá me lo cuentes algún día. Quizá nos lo cuentes. Pero solo quizá. Porque quizá no dé tiempo.

O quizá acabes olvidando hasta quién soy. ¿Lo sabes acaso? ¿Lo recuerdas aún? Porque ya ni siquiera yo estoy tan segura.

sábado, 9 de julio de 2016

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Se llama...

Lo conoces.

A los cinco días ya estás con él.

Dices que es lo mejor que te ha pasado.

No creo que sepa lo que es eso.

Tampoco sé si quiero.

Probablemente no.

No quiero cegarme. ¿De qué sirve? No es útil. Solo ves parte.

Y al final has de enfrentarte a la cruda realidad...

domingo, 12 de junio de 2016

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La raza humana

Hoy quiero hablar sobre un tema que me afectó personalmente en su momento y que he vuelto a recordar con este vídeo: la xenofobia.

Antes de nada quiero aclarar que estoy bastante convencida de que los que aparecen en el vídeo son simplemente actores. No lo hacen mal, pero la situación es un poco absurda. Justamente todos son 100% de su país y odian a los de otro... qué coincidencia. Por no hablar de razones científicas.

En cualquier caso, lo importante es el mensaje. Lo que nos quieren decir es que no existen razas puras porque las personas viajan, conocen a gente de otros lugares y se juntan con ellas, con lo cual no tiene sentido considerar inferior algo de lo que en realidad también eres parte.

La idea está bien, el vídeo es bonito y transmite, pero ¿y si nos fijamos en lo que hay detrás de todo esto? Lo más sencillo es volver al instante 3:40: tendríamos que conocer la nacionalidad de nuestros antepasados para aprender que no hay que discriminar a los demás por la suya.

¿Por qué? ¿Necesitas saber que eres un poco alemán para dejar de decir que los alemanes te caen mal? ¿Y si casualmente en tu familia no ha habido alemanes, o no los ha habido en demasiadas generaciones seguidas? ¿Sigues teniendo en ese caso el derecho a menospreciarlos?

Ahora simplemente imaginemos que sí existe una raza pura, aunque sea una sola familia, cuyos ancestros siempre han vivido en la misma región (no digo país porque no siempre ha existido el concepto siquiera). ¿Tendrían ellos una razón válida para discriminar a todos los demás?

¿De verdad es necesario que te digan que no eres puro para que dejes de juzgar a la gente por su país de origen? Como seguro que ya habré dicho alguna vez, ¿qué sentido tiene excluir a alguien por algo que no ha elegido, o creerse mejor que esa persona?

La razón para dejar de discriminar a alguien no tiene que ser que en realidad tú seas más parecido a esa persona de lo que creías, sino el hecho de que, aunque todos somos diferentes, pertenecemos al mismo mundo, somos de la misma raza: la humana.

miércoles, 27 de abril de 2016

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Peter se instaló en mí.

La mayoría de los niños tienen la extraña manía de intentar parecer mayores de lo que son. Hasta que se invierte el proceso.

Ese deseo de crecer no se manifestó en mí. Simplemente lo hacía porque no había más remedio. Igual que ahora... aunque con el paso del tiempo fui más consciente de lo que implica.

En algún momento decidí que las cosas duraban lo que tenían que durar. No sé cómo mi cuerpo y mi mente llegaron a esa conclusión, pero he de decir que lo lograron de una manera muy limpia. Eso no significa que no me alegre o apene porque algo continúe o acabe, por supuesto.

Creo que todos hemos tenido alguna vez esa sensación de dependencia, de no ser capaces de hacer algo por nosotros mismos, esa necesidad de pedir ayuda. Hay quienes saben controlar bien la situación, o eso nos hacen creer, y suelen convertirse en líderes. Pero apuesto a que ningún líder ha tenido siempre las ideas claras.

Creo que todos hemos tenido alguna vez ese anhelo de volver a ser lo que fuimos, incluso cometiendo los mismos errores, solo por revivir aquellos momentos de la niñez en los que no entendíamos lo compleja que podía ser la vida, lo complejos que podíamos llegar a ser.

Creo que a todos nos ha visitado Peter Pan alguna vez, a pesar de que no supimos cómo responder a su llamada.

jueves, 10 de marzo de 2016

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Hikari no moto yami wa umare

Muchas veces es más duro perderlo todo que no haber tenido nada nunca. Porque, aunque objetivamente lo segundo sería más desfavorable para la persona, ha aprendido a convivir con ello, se ha acostumbrado, mientras que la otra ha perdido toda su estabilidad. Cuando has tenido algo y deja de ser tuyo, tienes la experiencia de saber cómo es contar con eso y, si era positivo o bueno para ti, lo anhelas más que quien no ha tenido esa oportunidad.

Por eso, ofrecer algo a una persona sabiendo que vas a arrebatárselo con el tiempo puede llegar a ser cruel. Pero a veces es necesario, o simplemente creemos que es lo mejor en el momento, sin pensar en las consecuencias futuras que podría acarrear este hecho.

Esto, claramente, no solo funciona con los objetos materiales, sino también con los sentimientos, donde puede llegar a ser muy complicado discernir si estamos o no haciendo lo correcto. Así que tampoco debemos culparnos plenamente si las cosas no salen como esperábamos.

Por otro lado, esto nos sirve para valorar lo que tenemos. Por ejemplo, cuando enfermamos y posteriormente nos curamos, nos damos cuenta de lo bien que nos sentimos al ir recuperándonos. Luego se nos olvida, porque al estar sanos durante un tiempo volvemos a acostumbrarnos a ello y a verlo como algo normal.

Y es que tras la luz se halla la oscuridad.

miércoles, 20 de enero de 2016

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Madurez

He encontrado este artículo y me ha impactado de tal forma que tenía que hablar sobre él...

¿Madurez? Eso no es madurez, eso es que su vida no le parecía suficientemente importante. ¿La única alternativa a no ir al colegio es acaso morir? Venga, vamos a matar moscas a cañonazos. Una persona madura se daría cuenta de que existen más opciones. Aquí lo que faltaba a raudales es confianza con la familia. Mucho dice que quiere a sus padres, a su abuelo y demás, pero ¿no es capaz de decirle a ninguno: "mira, tengo este problema y necesito cambiar esta situación"? Repito, yo no veo la madurez, yo solo veo una falta enorme de autoestima y de comunicación. Sí que es cierto que hay que tener valentía -aquí están las dos caras de la moneda: creo que es valiente afrontar la situación pero también lo es terminar con todo de golpe, por lo que ello conlleva- para hacer lo que ha hecho, a no ser que realmente creas que la vida no tiene valor alguno.

Y lo siento, pero yo sí pienso que los padres tienen parte de culpa. No de que el niño haya sufrido bullying, obviamente. De lo que los culpo es de no haber sabido percatarse de la situación a tiempo. De no haber sabido dar a su hijo la confianza de contarles qué le ocurría y cambiar la situación. De no haber estado a su lado cuando lo necesitaba porque, si siendo tan pequeño le afectaba tanto lo que estaba sucediendo, es porque no tenía un apoyo de verdad. ¿Cuántos meses llevaría este chico planteándose acabar con su vida? ¿Realmente nadie es capaz de darse cuenta de que pasa algo, de que no está bien? Me cuesta creer que ninguno de sus profesores supiese nada. Esas cosas se notan. Aunque todo apunta a que a los maestros les importaba bastante poco lo que estaba ocurriendo e incluso preferían ocultarlo.

Claro, es muy fácil decir "no al acoso, no a los acosadores". Pero todos sabemos que es muy complicado acabar radicalmente con eso. Y esa es justamente la razón por la que tenemos que enseñar a los niños desde que son pequeños a confiar en sí mismos y en alguna persona cercana si tienen algún problema. Tenemos que ser capaces de darles esa confianza que necesitan.

jueves, 31 de diciembre de 2015

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Recordando

A veces pienso que, si pudiera, me quedaría recordando toda la vida. Una imagen, una canción o una simple frase me devuelven al pasado y, a partir de ahí, empiezo a buscar cosas relacionadas para poder acordarme mejor de lo que sucedió. Ya sea algo bueno, malo, alguien que se fue de mi vida... no importa. Generalmente no duele, casi todo es nostalgia.

Cuando era pequeña, la gente de mi edad siempre quería ser mayor o aparentarlo. Yo no. Nunca tuve prisa. Curiosamente, a mí me gustaba lo que era. Y cuando ahora pienso en ello me doy cuenta de que hay unos cuantos detalles que cambiaría de mi yo de aquel entonces pero, aunque no pudiese, en ocasiones me gustaría volver a aquellos momentos de inocencia. Momentos en los que había personas a las que ahora no les dirijo la palabra, ya sea un poco por orgullo o simplemente porque cambiaron hasta el punto de que sé que no ganaría nada haciéndolo. Y momentos en los que no sabía muchísimas cosas que ahora sé, y no me hacía ninguna falta. De hecho, probablemente supiera alguna que otra cosa que ya he olvidado. Hasta que encuentre algo que vuelva a iniciar el bucle... o no.

Supongo que también me cansaría de recordar si tuviera todo el tiempo del mundo para hacerlo. Sin embargo, creo que es bueno quedarnos con esos retazos de nuestra vida que, seguramente, ya no volverán. Porque la flecha del tiempo no se detiene.

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