jueves, 7 de marzo de 2024

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La ventana iluminada

 Es demasiado fácil mirar a través de la ventana.

Y, de repente, estás ahí. Es bastante tarde y vuelves con elle. Al final es cierto, aunque ya ha pasado bastante tiempo.

No sé si me habrás visto. No has dado señales de ello.

Hablamos. Me preguntáis por la nueva casa. ¿Ha sido él o tú? Ya no estoy segura. No menciono que te vi llegar. Tú tampoco lo comentas.

Miro a través de la ventana. Vienes con elle de nuevo. Esta vez me saludas; correspondo. Parecías tener bastante claro dónde mirar.

Estoy nerviosa. ¿Cómo me siento? La verdad, no lo sé.

Me pregunto qué habréis hecho. Me pregunto qué estaréis haciendo.

Me pregunto cómo sería si me lo hubieras pedido a mí.

Es demasiado fácil mirar a través de la ventana.

domingo, 14 de mayo de 2023

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Disertación sobre la intensidad

En esta sociedad de la sobreinformación, de la sobreestimulación, del cambio constante, en la que vivimos actualmente, parece que cada vez la gente necesita más que algo les produzca un pico de emoción para que sea válido, para que les parezca suficiente, para no dejarlo de lado.

El problema con los picos de intensidad es que es muy fácil que se diluyan rápidamente, generando a menudo castillos en el aire que nunca se materializan o, si lo empiezan a hacer, se quedan en poco más que los cimientos. Parece que a algunas personas esto no les importa, pero a mí las desilusiones me han llevado a tener bastantes dificultades para poder confiar en la gente.

Otra consecuencia de esto, que he vivido en más ocasiones de las que me gustaría, es conocer a una persona que empieza a hablar contigo sin parar y que, cuando ve que no va a conseguir lo que quiere de ti, simplemente te deja de hablar. Por desgracia, esto ya lleva bastante tiempo ocurriendo; no es algo que haya surgido tan recientemente.

La mayoría de relaciones que he tenido y han funcionado bien durante al menos un tiempo han aflorado en gran parte gracias a una intensidad mostrada por la otra persona y "seguir yo el juego" de alguna manera, pero casi siempre he tenido que ir poniendo límites y a menudo eso también ha hecho que esas relaciones se resientan. Por otro lado, cuando yo he intentado iniciar una relación a mi manera, sin atosigar a la otra persona, casi nunca ha funcionado bien porque no he visto ningún tipo de correspondencia o interés.

Siento que esta necesidad de intensidad se ha agravado aún más tras la pandemia; ahora necesitamos vencer una fuerza de rozamiento estática mayor para empezar a movernos, y la gente está menos dispuesta, si cabe, a organizar planes. Además, también parece que se ha producido un cansancio dirigido hacia la comunicación vía mensajería "instantánea". Utilizo comillas porque cada vez lo es menos: ya no sorprende si la respuesta a un mensaje tarda semanas o meses en llegar.

Últimamente he leído varias veces que "es mejor pedir perdón que permiso" y, aunque puedo llegar a entender el punto, estoy bastante en desacuerdo con esa afirmación. Aunque sí suele pasar que es más fácil arrepentirse de lo que no se ha hecho, hay bastantes momentos en los que, en mi opinión, es mejor pararse un segundo antes de lanzarse a hacer algo que puede tener un efecto irreversible.

Por último, y sin pretender hacer una analogía con lo que cualquier persona fácilmente imaginaría leyendo esto, siento que la gente se calienta demasiado rápido. Y por eso mismo la gente dice que soy fría, cuando en realidad el frío no existe. Simplemente me caliento a una velocidad mucho menor (e inestable, probablemente).

jueves, 11 de noviembre de 2021

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La petición

Estaba tendida en la cama, con montones de finos tubos por diversas zonas del cuerpo. Últimamente, casi siempre tenía visita. No era de extrañar, dado su estado. Sin embargo, esta vez, se armó de valor para decir las palabras que llevaba días pensando. Quizá porque solo hacía unos meses que había conocido a su nueva amiga y aún no le había contado nada al respecto. O quizá porque, en lo más hondo de su ser, sabía que no iba a tener otra oportunidad.

Me gustaría que hicieras una última cosa por mí.

La palabra "última" afectó a su amiga más de lo que esta quiso admitir.

Claro, ¿el qué?

Busca a esta persona respondió mientras le tendía un papel con una mano ligeramente temblorosa. Me gustaría que le pidieras que venga aquí.

[...]

Vaya, así que has venido.

No esperaba que nos volviésemos a ver, después de casi 25 años, en una situación así.

Ya, yo tampoco. Pero hay algo que necesito preguntarte.

—No has cambiado nada, ¿eh?

—Ni tú.

Se miraron fijamente por un momento sin mediar palabra y rieron. Pero entre la efímera alegría se desprendía un atisbo de tristeza.

¿Quieres saber por qué me fui? —dijo dando un paso hacia delante.

Sí.

¿Tienes alguna idea?

Sí. Y no me refiero a lo último que pasó.

Entonces, probablemente estés en lo cierto.

Vaya... lo siento. Éramos tan chicos por aquel entonces... no tenía ni idea de la vida. Sé que no es excusa, pero lo que sí te puedo decir es que nunca lo he olvidado. Lo que no entiendo es... ¿por qué nunca me dijiste que fue por eso?

Bueno... porque te quería.

Cada segundo se convirtió en una eternidad.

A ver, voy a decir algo, pero déjame acabar, ¿vale?

Vale.

Yo... yo también te quería. No creo que haya dejado de hacerlo, en realidad —su voz se atenuó mientras hablaba—. Pero no de la forma en que me querías tú. 

Volvió a reinar el silencio por un interminable instante.

—¿Y eso qué significa?

—No creo que tenga sentido explicarlo ya. Simplemente quería que lo supieras. Y también quiero que sepas que... te p-

Aquella frase quedó incompleta para siempre.

jueves, 17 de junio de 2021

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Para siempre.

Quién me lo iba a decir cuando te conocí, hace ya... más de 17 años, que se dice pronto. Casi dos tercios de mi vida.

Quién te iba a decir que ganarías ese concurso y aquella chica, aquel avatar de pelo azul, se acercaría y se convertiría en una de tus mejores amigas virtuales.

Quién nos iba a decir que viviríamos tantas cosas juntas, y que te pillaría bailando el día que por fin nos vimos.

En aquella época tenía a mi mejor amiga de internet, que eras tú, y a mi mejor amigo de "la vida real", al que probablemente perdí en el momento en que lo rechacé, aunque quizá nunca lo sepamos. Tiene gracia, supongo.

Cada vez que vuelvo aquí veo el dibujo que me hiciste. El dibujo que me regalaste porque perdiste la apuesta que hicimos. Y aunque siempre supiste que querría haberla perdido yo, quizá no te imaginas cuánto.

Ahora, esta vez sí, no quiero perder ninguna apuesta. Porque creo que estás con alguien que sí te quiere y se preocupa por ti. Tendrá que hacerlo, dado que es lo que os habéis prometido para el resto de vuestras vidas...

Tengo claro que no es mi camino, pero espero que seas muy feliz.

domingo, 11 de octubre de 2020

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Pertenencias del pasado

24 de julio de 2019

Tú eras el pájaro, porque supiste llevarme donde nadie más fue capaz.
Yo era la niña, decidida pero con miedo en ocasiones
...
[pero ya no sé quién es quién].

15 de septiembre de 2019

"Este mundo es oscuro y es difícil respirar en él.
Pero esa vez, cuando intenté reír como tú,
sentí que era más fácil intentar respirar.

Fue tan solo 193 días antes de destruirte"

    ~ D.Gray-Man Hallow

sábado, 10 de octubre de 2020

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La sempiternidad no existe.

Creo que hay gente que no vería sentido a la vida si no existiera la muerte, pero también creo que para mí cobraría más sentido del que pudiera tener ahora si tuviera la oportunidad de vivir todo el tiempo del mundo. Del universo, para ser más precisa. A menudo siento que no merece la pena "perder mi tiempo" con algo que me cuesta mucho o me resulta difícil, ya que en algún momento se me va a acabar, y podría haberlo aprovechado en otras cosas. También es cierto que no sé qué consecuencias tendría saber que no tengo prisa por hacer nada. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, ¿qué sentido tiene realmente conseguir objetivos en un mundo del que vas a desaparecer en algún momento?

Diría que muchas religiones, si no todas, se han basado en mi premisa para crear reinos post-mortem, para dar un sentido a nuestras obras, a nuestro tiempo finito.

Por otro lado, también pienso en otra alternativa en la que no estuviera temporalmente atada. Aunque ser sempiterna sin poder moverte libremente en el tiempo no te permitiría conocerlo todo, supongo que tampoco se podría incluso quitando esa restricción, porque no puedes acceder al interior de la mente de las personas, solo a lo que te cuentan. A no ser que en algún momento se inventase algo que permitiese acceder a esos pensamientos, pero no me parece muy ético... Supongo que habría que darle unas cuantas vueltas.

lunes, 13 de julio de 2020

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El precio de la libertad, segunda parte

Creo que no me había sentido menos libre en toda mi vida. Han pasado varios meses y ahora ya no hay un confinamiento físico, pero supongo que he acabado generando uno mental. Podría incluso irme unos días, pero ella no lo entendería. No le sentaría bien. Además, no es solamente eso, sino todo lo que no soy capaz de decir. Si con cosas pequeñas acabo callándome, soltarlo todo se vuelve prácticamente imposible. Y cada vez se vuelve más complejo.
¿Y qué nos deparará el futuro cercano? ¿Y si volvemos atrás y no puedo volver ni siquiera cuando lo tenía planeado? ¿Y si me tengo que quedar indefinidamente?
Siento como si todo lo que me ha costado tanto construir pudiera desmoronarse en cualquier momento, como si fuera a inundarse de repente y a salir agua por todas partes. Porque agua ya tengo, pero no es suficiente.

¿Volveremos a abrazarnos?
Yo creo que sí.
Espero que sí.

Pero, mientras tanto, quizá mis muros me protejan.

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